Handsome WB by PhitarSigo sin tiempo, y eso hace que no consiga regresar a la blogosfera, perdonen pero sigo algo
missing. Decido pues, en un intento de retornar, concentrarme en mis preguntas, son ellas las que me movilizan, y hacen que consiga hacer más de lo que me creo capaz. Me pregunto por el amor y no dejo de recordar una historia. Durante mi estancia en Pekín tuve una relación con un hombre. A pesar de que yo estaba recién llegada y apenas hablaba el idioma, él, que lo había estudiado en la universidad y vivido durant años en España, hablaba perfectamente el español. WB era tímido y discreto, le gustaba pasar desapercibido y hablaba poco de sí mismo. Cuando nos conocimos llevaba un año y medio separado de un matrimonio fugaz con una actriz y escritora pekinesa y vivía solo con su perro; era budista practicante y tenía un círculo de amigos muy interesantes, pintores, escritores, bohemios y emprendedores que fui descubriendo poco a poco. Durante ese último año, algunos de sus amigos no sabían que se había separado, ni siquiera sus padres con los que comía todos los domingos. No le gustaba hablar de su vida, era, como digo, reservado y tranquilo, muy chino.
Al principio de conocernos solíamos vernos para una tomar cerveza, o salíamos de la ciudad y tomábamos un té en
algún templo de las afueras. Pasaban las horas, y no parábamos de conversar. Al poco tiempo ya estábamos viéndonos todos los fines de semana y nos llamábamos por teléfono durante la semana; comíamos o cenábamos viernes o sábado, y los domingos, día en que él comía con su familia, quedábamos pronto e íbamos a un
templo o a un
parque, al
mercado de campesinos o al de
los pájaros, paseábamos por hutones y nos dedicábamos a
buscar o mirar trastos,
grillos, visitábamos a un señor que tenía un puesto de semillas con las que se fabricaban los
mala o rosarios budistas, y desayunábamos a la pekinesa, un bol de
fideos fríos, unos
panecillos mojados en vinagre y un vaso de
leche de soja caliente. A los ojos de los demás éramos una pareja, y aunque lo amoroso se mezcló durante un tiempo y luego fue diluyéndose, lo cierto es que la verdadera naturaleza de nuestra intimidad era otra, y antes que nada pasaba por la palabra. En mí no resultaba tan extraño puesto que soy más bien habladora, pero en él resultaba asombroso. WB pasaba horas y horas hablándome de él y de todo, a veces en medio de una de
esas charlas se excusaba por lo que él consideraba un exceso, pero luego reanudaba como si nada, y hablaba mucho más que yo. También compartíamos largos silencios, de esos que no son incómodos y que uno en todo caso agradece. Gracias a WB descubrí rápidamente una China a la que no muchos occidentales tienen acceso en tan poco tiempo, y encontré en ella algo mío que había venido a buscar hasta allí. No tengo claro qué encontró él, ni siquiera qué es lo que buscaba. Cuando a mi regreso a España se lo expliqué a una amiga analista, me dijo que lo nuestro había sido una verdadera historia de amor, y yo, que entendía sin acabar de entender (o de poder explicar), me di cuenta de que mi amiga me estaba enseñando algo.
El amor, según la definición de
Lacan, es dar lo que no se tiene, - a quien no lo es, a quien no lo tiene, a quien no lo quiere… Las demandas incesantes del niño, por ejemplo, no tienen como objetivo obtener los objetos que reclama, salvo a título de signo, de signo de amor. También en la relación amorosa romántica, amar requiere asumir esa falta en sí mismo y en el otro amante, “
única forma de asegurarse de que éste o ésta no viene a taponar, con una respuesta demasiado ajustada, el deseo que puede despertar”*
Ese
desajuste de respuestas, de satisfacciones y de demandas es necesario, pues, para que algo del amor y del deseo pueda surgir y, sobre todo, mantenerse. Hay muchos que son capaces de describir cómo lo que más les atrae del otro es una fisura, una falta, un ángulo ciego. También en el deseo/amor sexual es necesario una parte (mucha, todo…) del fantasma, de lo reprimido, inconfesable o inconsciente.
Así como la metáfora del amor le sirve
al analista para teorizar sobre la naturaleza de su propia práctica y de la transferencia del analizante, - “
todo amor se basa en una cierta relación entre dos saberes inconscientes” dice Lacan en su seminario
Encore para refutar cualquier idea de acuerdo o acoplamiento entre psicologías o psiques- la relación sexual, el acoplamiento sexual, dice Lacan, “no existe”. Con ello no quiere decir que no practiquemos el sexo y sólo lo alucinemos, sino que la ilusión de un acople, de un real encuentro satisfactorio en el que nos fusionamos en un solo goce, le demos al otro lo que necesita, y el otro nos colme a nosotros no es más que eso, una bonita ilusión.
Para el “
exiliado de la relación sexual” que es el serhablante* (al hablar uno no llega nunca a atrapar o decir lo que quiere decir, y sólo lo consigue a medias) el lenguaje es un magnífico instrumento de amor, como el
laúd o el piano son un instrumento de música, el amor es además un instrumento
valiente…(*
diccionarios de psicoanálisis de Roland Chemama y Pierre Kaufmann)